Una foto es un instante. La realidad permanece. Siendo así, ¿por qué nos gusta tanto creerle más al instante que a la realidad?

Los instantes que captura una imagen no siempre nos regalan el contexto, es algo así como el egoismo del momento. Pensémoslo así, vas a una reunión donde la mayoría de los imageasistentes, por cualquier motivo, están inmersos en sus móviles, pero de repente alguien saca un ‘selfie stick’ y todos se amontonan más que sonrientes y jubilosos para salir en ese instante, que por supuesto, suben en un dos por tres a la red, donde el doble o triple de las personas que aparecen en dicha foto, la ven.
Sienten emoción, le dan ‘like’, aunque algunos otros sienten envidia, revisan cada detalle haciendo el tan apreciado ‘zoom in’ y deciden pasarla sin expresar me gusta y quizá regresen a verla. Pero solo fue un instante, la realidad en esa reunión ¿estarás de acuerdo que era otra?

Tomemos fotografías (somos privilegiados de poder hacerlo a cualquier hora) pero sin olvidar apreciar e involucrarnos en la realidad, para atesorar mejores momentos.