¿De qué color serían la envidia o los celos si nos llenaran de algún tono el rostro? Son dos cosas distintas que todos en alguna ocasión hemos sentido y en identificarlas y reconocerlas para no permitirles crecer o hacernos daño, está la sabiduría y de eso hablamos hoy en esta sección: emociones.

Lo que muchos no saben aún es que la envidia sí se nota. Y los celos, mucho más. Actualmente estamos en un momento fenomenal en el que todos los que tienen acceso a las redes sociales pueden mostrar su talento para promoverse o para hacer un cambio favorable en la humanidad y eso provoca envidia en algunos. Hemos estado conversando en el club de TOP News acerca de estas sensaciones porque la mayoría de los consejeros de entre 9 y 21 años y adultos de entre 25 y 44 años, dijeron que no les gusta provocar envidia pero que sí les gusta mostrar lo que viven o compran.

Alguien dijo y se quedó en la memoria popular que: “El Sol nace para todos” y es sabio partir desde ese punto para poner en práctica que unidos logramos mejores metas que si nos separamos o si sembramos crítica destructiva, porque eso es lo que procede a la envidia: ¡la crítica!

Es cierto, siempre deseamos más, lo que no es saludable para la mente ni para el corazón es que dejemos que nos domine el coraje de que a alguien “le vaya mejor que a nosotros”.

Procura que el coraje y la envidia no echen raíces en tu mente, pues la vida siempre pondrá a prueba tu corazón.

Suspira gratitud por lo que has podido lograr por lo que alguien a quien sigues, ves o admiras ha logrado.

Lo que está destinado para ti llegará. La oportunidad se te presentará, tenlo por seguro. Solo que puedes poner tu mirada en esa oportunidad o seguir mirando a los demás con envidia. Y no hay fea ni buena, la envidia es una sola y de acuerdo con el diccionario:

Es una tristeza airada o disgusto por el bien ajeno o por el cariño o estimación de que otros disfrutan. Es también, un deseo honesto de emular alguna cualidad o algún bien que otro posee: Tener envidia es lamentar el bien ajeno, apetecer para sí lo que otro tiene.

Pensemos mejor en ser humildes, que no tiene que ver con no ambicionar o prosperar en un proyecto, en la economía o el saber algo; sino en no dar lugar a la queja ni a criticar a otros por lo que nosotros no tenemos.

Tal vez sea un misterio no sentir envidia, pero lo que sí tenemos el poder es de dominar nuestra boca para no criticar, no herir y nos destruirnos con emociones negativas.

Basta dar gracias y hacer un plan para que puedas lograr, o comprar o tener algo que deseas, sin “pisotear” tus emociones ni las de alguien más. La próxima vez que te visite un sentimiento envidioso piensa rápidamente que “el pastel (de la vida) es enorme ¡y alcanza para cada uno de nosotros! Así que a disfrutar y a trabajar se ha dicho.