POR: Ivonne Lupi | Cortesía: The Suitable.

Vivimos en una era de toma de decisiones trascendentales, de vida o muerte; de las que depende el futuro de nuestra civilización entera. Hemos recibido todas las advertencias porque los próximos 10 años son cruciales para determinar el destino de la raza humana y el planeta que habitamos.

Es aterrador, pensar qué será de la Tierra si no frenamos el paso de nuestra destrucción; considerando que somos los únicos culpables del estado en que se encuentra ahora. Desastres naturales y la fuerza de la madre naturaleza que va más allá de nuestro control se presentará como consecuencia inminente de nuestra negligencia e indiferencia por el lugar que osamos llamar nuestro hogar.

Mientras quede tiempo, está en nuestra responsabilidad hacer todo para evitar llegar a un punto sin retorno, en que ya no podamos borrar nuestros errores, y no tengamos un lugar que llamar hogar.

A decir verdad, las redes sociales han jugado un papel clave al proveer herramientas y soluciones a las múltiples audiencias, que incorporan a sus respectivos estilos de vida con el propósito de volverlos más conscientes. Estos actos van desde alternativas naturales para productos de uso diario, dietas para reducir nuestras emisiones de gases invernadero, opciones amigables con el medio ambiente para reducir el desperdicio de plásticos de uso único, hasta difundir información precisa acerca de los productos alimenticios que consumimos.

Se atribuye el estado actual de nuestro planeta a múltiples factores, al mismo tiempo que se aplican un número de soluciones para cada uno, pero prevalece una gran parte del problema, que ha pasado desapercibida por un largo tiempo: la industria de la moda.

Yo amo la moda, me apasiona todo lo que gira a su alrededor; representa una de las partes más mágicas de mi vida, y por esto mismo es que me he dado a la tarea de aprender lo más que pueda sobre ella, eso incluye las partes desagradables y frecuentemente pasadas por alto. Y la moda, en relación con la sustentabilidad, es una de ellas.

La industria de la moda es titánica, con un valor de 3 trillones de dólares, esta suma representa el 2% del PIB global, y a más de 160 millones de personas en la fuerza laboral. Es una industria en desarrollo, en constante crecimiento, cambiante, una con grandes posibilidades para el futuro, pero no en lo que respecta a su huella ambiental.

¿Qué está sucediendo?

La industria textil es la segunda más contaminante en el mundo, justo después de la industria petrolera. Se le atribuye cerca de medio millón de toneladas de contaminación por microfibras en el océano, el equivalente a cincuenta mil millones de botellas de plástico, la mayoría como resultado de tan solo lavar ropa.

Ocurre así: Las microfibras son diminutas hebras de materiales sintéticos como poliéster, nylon, y acrílico, que se desprenden de la tela de nuestras prendas. Lavar una sola pieza de ropa sintética puede liberar hasta 250 mil microfibras, que tienen un tercio del grosor de un cabello humano, lo que las hace imperceptibles al ojo y al tacto. Estas microfibras de plástico conforman 85% de todos los materiales hechos por el hombre encontrados en las costas oceánicas, y terminan volviendo a nuestro suministro de alimentos.

Y esto solo es una parte del daño.

Más de 90% del algodón usado en textiles hoy está genéticamente modificado, lo que lo hace dependiente de grandes cantidades de agua y químicos. Un cuarto de todos los químicos producidos en el mundo son utilizados en textiles. La producción de algodón es responsable de 18% del uso total de pesticidas a nivel mundial y 25% del uso de insecticidas, muchos de estos químicos pueden ser transferidos a nuestra ropa y eventualmente llegan a nuestros cuerpos, jugando un factor de riesgo para nuestra salud y la vida de las personas que lo producen.

El teñido de textiles es el segundo mayor contribuyente a la contaminación del agua después de la agricultura. Se estima que cada año se usan 2 mil 500 millones de toneladas de agua para la fabricación de textiles, y esto no incluye la producción de algodón.

Veinte mil litros es la cantidad de agua requerida para producir un solo kilo de algodón, el equivalente a una playera y un par de jeans.

También está el desecho de químicos y tintes residuales en fuentes de agua principales, como el río Noyyal en India, contaminando 3 mil 500 km2 de agua que corre por 180 km de tierra en Tamil Nadu, un estado con una población de poco más de 67 millones de personas.

La industria de la moda es responsable de 20% del desperdicio de agua en todo el mundo.

Tan solo hablar de la producción de ropa revela algunos de los pasos reprensibles que han llevado a la industria de la moda en la dirección equivocada hacia un futuro sustentable.

El consumo de la moda

La industria de la moda produce 10% de todas las emisiones de gases invernadero debido a las extensas cadenas de suministro y producción intensiva de energía.

Actualmente en el mundo consumimos alrededor de 80 mil millones de prendas nuevas cada año y cerca de 40% de estas son exportadas a países como Estados Unidos, Italia e India, desde otros como Bangladesh, Turquía, Indonesia y Vietnam, donde la mano de obra es mucho más barata, lo que permite a los fabricantes producir ropa en cantidades masivas a un menor costo.

La “moda rápida” ha hecho la adquisición de ropa mucho más accesible, ofreciendo una amplia variedad de prendas, a menor precio, para que el público se mantenga en tendencia y “a la moda”, pero la producción barata de estas piezas permite que la calidad hable por sí misma.

La durabilidad de una prenda de moda rápida es casi nula, su duración promedio es de nomás de seis meses o aproximadamente treinta puestas, por un precio que va desde los diez hasta los veinticinco dólares. Es fácil creer que al comprar ropa por lo que comúnmente se considera un precio razonable estamos ahorrando dinero cuando no es cierto, en realidad no hacemos ningún favor a nadie.

Gracias a su versatilidad y bajo costo, las telas sintéticas son las más usadas para la fabricación de prendas de moda rápida. Las cuales, además de su impacto en el desperdicio de agua, y debido a su corta vida útil, terminan en basureros donde están destinadas a quemarse y contribuir a la contaminación del aire o descomponerse dentro de cientos de años. Un aproximado de 15% de la tela destinada para la fabricación de prendas termina en el piso de la sala de corte y es desechada en basureros. La otra alternativa es que terminen en mercados en países en desarrollo como Haití, donde se venden por caja y han contribuido lentamente a dañar la industria local.

Este tipo de ropa, gracias a su precio barato, también provienen de mano de obra barata, en condiciones de trabajo degradantes. Hay costureras que ganan un salario mínimo de 95 dólares al mes, tan solo desde Diciembre, en países como Bangladesh, uno de los principales fabricantes de la industria de la confección. Fue hace solo seis años que las condiciones de un edificio fabricante con el nombre de Rana Plaza, en la capital de Bangladesh, provocaron que este colapsara, dejando un saldo de más de 1000 personas muertas y 2 mil heridas.

La moda tiene un lado obscuro, y nosotros como consumidores tenemos la responsabilidad de generar conciencia sobre muchas partes asociadas con ella.

El problema para casi fuera de alcance, demasiado inmerso en las raíces, demasiado extenso para controlarlo por completo, pero no lo es.

Yace en nuestras manos el poder para dar vuelta al camino que nos lleva a un destino deplorable, pero, ¿qué podemos hacer? ¿Qué soluciones están realmente en manos del consumidor de moda para ser más sustentable?

[ Con información de: Forbes | Fashion United | Business of Fashion ]